¿Alguna vez te has visto en la situación de no poder pagar una deuda? La morosidad de las familias españolas se disparó un 32,63% tras las pasadas Navidades (datos de iMorosity), y con la actual crisis provocada por el Covid19 este porcentaje seguirá creciendo en los próximos meses.

Si te encuentras en esta tesitura, el problema es complejo y puede desembocar en consecuencias difícilmente reparables para tu economía. Además, tu historial quedará dañado y será complejo que puedas acceder a financiaciones futuras destinadas a proyectos personales.

No obstante, disponer de buena información y conocer las distintas alternativas se revela como la manera adecuada de abordar todo esto. A lo largo del presente post vamos a desarrollar en profundidad todos los aspectos que necesitas conocer para no quedarte atrás y salir airoso.

¡Comenzamos!

Punto de partida

Si tu problema es la hipoteca, la entidad de turno pedirá a un juez la ejecución de la misma. A partir de ahí, dispondrás de un periodo de aproximadamente un año para poder ir abonando lo que debes (con los respectivos intereses); en caso contrario, se producirá una subasta y te verás obligado a abandonar el domicilio.

Esto supone la pérdida total de los derechos adquiridos como propietario, con todo lo que ello conlleva. Es más, si la venta por subasta no consigue sufragar el montante que se debía al acreedor, persistirá el resto de la deuda hasta que se abone íntegramente. ¿Qué consecuencias tiene esto? Que posiblemente se tendrán que embargar otros bienes, lo que incrementa el impacto y la dificultad de aspirar a una recuperación.

Si por el contrario has pedido un préstamo personal, las cosas no pintan mejor. Al contratar un producto de esta naturaleza, la garantía sobre el mismo son todos tus bienes presentes y futuros. Esto deriva en que momentos críticos que pueden poner en jaque toda una vida, más aún cuando el juez se lleva por delante propiedades tan importantes como la vivienda o el coche, por no hablar de un porcentaje elevado de la nómina o pensión, así como el embargo de las cuentas bancarias. Un drama que, como veremos a partir de aquí, es evitable.

Piensa en un plan

En primer lugar, debes ser táctico y no quedarte paralizado. Esto pasa por analizar el contexto en el que te encuentras con determinación, sopesando las ventajas, desventajas y oportunidades en las que puedas apoyarte. Plantéate si la situación es temporal o no, es decir, si se puede solventar a corto o medio plazo debido a una coyuntura concreta.

Por ejemplo, puede que por el impacto del Covid19 hayas tenido que suspender temporalmente tus negocios, pero seguramente estés empezando a retomar tu actividad y en 3 meses habrás recuperado la operatividad total. En este caso es conveniente que te sientes con tus acreedores y les proporciones cifras de viabilidad, que generen la suficiente confianza para tratar todo esto como un evento ocasional y no extensible a largo plazo.

Habla con el banco

Si por determinadas razones no eres capaz de asumir las deudas contraídas, no debes dar la espalda al cumplimiento de tus obligaciones. Es el momento de actuar, y deberás acercarte a la entidad bancaria correspondiente para exponer el problema y solicitar ayuda. Este primer paso es importante, ya que es mejor tomar la iniciativa que esperar a que vengan a pedirte cuentas. No tengas miedo, ya que cualquier persona física o jurídica es susceptible de encontrarse en un contexto como este, y es más frecuente de lo que imaginas. Acabar como un moroso implicado en todo tipo de reclamaciones judiciales nunca es la opción.

Pide asesoramiento externo

Si tu problema se dilata en el tiempo lo mejor es que busques otras alternativas. En Soluciona Mi Deuda contamos con un programa destinado a lograr la tranquilidad y seguridad del deudor, reunificando los pagos en mensualidades asequibles y llegando a acuerdos con entidades en el menor tiempo posible.

La ley está de tu parte

Como hemos tratado en otros posts de este blog, en España existe la llamada Ley de Segunda Oportunidad, que posibilita la cancelación formal de todas las deudas o, en su defecto, garantiza un acuerdo extrajudicial destinado a facilitar los pagos.

La exención total de la deuda se produce cuando el afectado no dispone de capital ni patrimonio para afrontar sus obligaciones dinerarias, y la segunda opción se apoya en un acuerdo que flexibiliza y sintetiza el montante a abonar tras valorarse la situación de partida.

Esto tiene algunos limites que conviene recordar:

  1. La deuda no puede superar los 5 millones de euros.
  2. Lo primero que tiene que hacer un particular o empresa es tratar de llegar a un acuerdo extrajudicial con sus acreedores. Se establece un periodo máximo de 3 meses en el que se tiene que lograr una resolución en firme. Si esto fracasa se avanza hacia una segunda fase: la vía judicial.
  3. Ante el juez se deberá acreditar que ese intento extrajudicial no ha dado sus frutos.

A lo largo de sus 5 años de vida, la Segunda Oportunidad ha demostrado su eficacia, y cada día más interesados se acogen a esta opción para solucionar sus impagos. La lógica que respalda esta legislación se basa en no dar por perdido a nadie.

Ficheros de morosos

Queda claro, y no es ninguna sorpresa, que de no devolverse los prestamos tus datos personales acabarán en los temidos registros de morosos. Estas listas son las herramientas que emplean las entidades de crédito para chequear la solvencia del solicitante. Por lo tanto, la vida se te complicará bastante en el caso de acabar aquí, y además limpiar tu historial exige una serie de demostraciones que dilatarán más aún el problema. Ya lo dijimos al comienzo del post: un lío nada aconsejable.

En conclusión, y aunque te encuentres en un contexto poco favorecedor, aconsejamos dejar de lado el alarmismo más pesimista. Lo más importante es coger el toro por los cuernos y actuar antes del primer vencimiento de cuota. Esto es clave para reorientar la situación y llevarla a puertos favorables. Y, por supuesto, busca siempre la mejor ayuda profesional.

En Soluciona MI Deuda aportamos la transparencia que necesitas respecto a las posibilidades y riesgos que conllevan estos procesos. Nos adaptamos al contexto de cada uno, porque no todas las experiencias son iguales. Además, estarás siempre asesorado por los mejores profesionales del ámbito legal y financiero.

Trabajamos para particulares y autónomos que no puedan hacer frente a sus deudas, solucionando sus problemas.

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